
Sus condiciones técnicas y espíritu para jugar la Davis son indiscutibles. Es como si hubiese nacido para jugar este torneo. Con un récord de 41 victorias y 10 derrotas, el Rey siempre estuvo presente en los momentos más calientes que el equipo lo necesitó.
Su primera gran demostración fue en 2005, cuando en la serie por cuartos de final ante Australia como visitante, consiguió los tres puntos que le otorgaron el pase a semifinales a Argentina. Ganó el dobles en una improvisada pareja que conformó junto a Mariano Puerta y venció el día domingo al por entonces número 2 del mundo, Lleyton Hewitt, para cerrar la serie 3-1, además de su triunfo logrado en el primer single ante Wayne Arthurs.

En la final disputada en Moscú ante los locales en 2006, Nalbandian cosechó dos grandes victorias en sus puntos de singles ante Marat Safin y Nikolay Davydenko, pero la derrota en el dobles con Agustín Calleri como compañero terminó siendo clave para que la ensaladera se la llevaran los rusos.
En los cuartos de final ante Suecia en 2008, cuando la serie parecía complicarse ante los bajos rendimientos de los demás jugadores argentinos, el cordobés se impuso a Thomas Johansson a pesar de no estar 100 por ciento físicamente, ganó el día sábado junto a Guillermo Cañas y venció en un partido tremendo a cinco sets a Robin Soderling con más garra que tenis.

Como ya era una costumbre, el Rey jugó nuevamente los tres puntos de la serie ante Rusia por semifinales de ese mismo año, ganando sus singles ante Igor Andreev y Nikolay Davydenko y nuevamente el dobles junto a Cañas.
La final de 2008 ante España en Mar del Plata fue la primera circunstancia en la que mostró la hilacha. Luego de su victoria ante David Ferrer abriendo la serie, Juan Martín Del Potro cayó inesperadamente ante Feliciano López a causa de una contractura en el aductor derecho, que posteriormente determinaría su ausencia en el single del domingo. Al ponerse la serie 1-1, el punto de dobles pasó a tener una gran relevancia, por lo que el triunfo de los españoles el sábado, obligaba a Argentina a ganar el cuarto punto. Sin Del Potro, el que ocupó su lugar fue Acasuso, pero no pudo con Fernando Verdasco y la copa se la llevó España, que vino sin el número 2 del mundo Rafael Nadal. Nalbandian ni salió a jugar el quinto punto. Con el resultado puesto, las críticas del unquillense apuntaron al por entonces número 9 del ranking, acusándolo de no llegar en buen estado físico por disputar el Masters de Shangai, en lugar de preservar su condición para la Davis. Los enfrentamientos entre los jugadores y discusiones en el vestuario el día sábado se hicieron conocidas tiempo después.

“Para ganar la Davis debemos estar todos unidos”. Esa fue la frase que se escuchó de distintas voces del equipo argentino, meses después de la dolorosa derrota en el Polideportivo Islas Malvinas y conocidos los conflictos entre los jugadores.
En 2009, sin la participación de David por una operación en la cadera, Argentina llegó hasta cuartos de final, donde cayó como visitante ante República Checa por 3-2.
Si según la lógica la mejor condición en la que puede llegar un tenista a una serie de Copa Davis es adquiriendo continuidad en el circuito y consiguiendo buenos resultados previos, el Rey David rompe la lógica totalmente. En plena etapa de recuperación, luego una lesión producida en el aductor derecho durante la Copa Telmex de Buenos Aires, Nalbandian decidió viajar a Estocolmo sólo dos días antes del comienzo de la serie ante Suecia por los octavos de final, que se disputó en marzo de este año. Sin Del Potro y Mónaco por lesión, la serie se veía más que complicada cuando el deber llamó a David. Únicamente un par de entrenamientos en Buenos Aires la semana anterior y la práctica del jueves en el Kungliga Tennishallen, le bastaron al unquillense para ganar el dobles junto a Horacio Zeballos y triunfar en el quinto punto ante Andreas Vinciguerra. Una vez más, el rey David se puso el equipo al hombro.

Nuevamente sin continuidad en el circuito, David viajó a Rusia para jugar la siguiente ronda de la Davis. Contar con los dos puntos de singles suyos al analizar una serie en la previa, ya se convirtió en una costumbre. Que los gane, por más duro que sea el rival, también. Es por eso, que los dobles se transformaron en el tema de debate sobre quiénes deben integrar la dupla que dispute el punto del sábado. Esta vez, el físico no le alcanzó a Nalbandian para jugar los tres días, por lo que el triunfo de Eduardo Schwank y Horacio Zeballos trajo muchas esperanzas apostando en la formación de una pareja a futuro. Las victorias ante Nikolay Davydenko y Michael Youzhny, vistieron otra vez a David de héroe.
El capítulo más cercano de esta historia copera se vivió el último fin de semana. Apostando todo como de costumbre a los singles del cordobés, su derrota ante Gael Monfils el viernes sorprendió a todos. La serie se puso 0-2 abajo para Argentina y casi irremontable, pensando que debía ganar los tres puntos restantes, luego de los flojos rendimientos mostrados por el mismo David y Mónaco. El golpe pegó tan duro, que la pareja Schwank-Zeballos, en esta oportunidad arrastrando un buen ritmo en el circuito que preveía buenos resultados –incluso llegaron a semifinales del US Open jugando juntos-, en ningún momento del partido llegó a estar quiebre arriba. Esta situación demuestra la dependencia que tiene Argentina de David Nalbandian. Una situación que estaba a la vista de todos, pero que mientras que el Rey ganaba sus puntos, clasificaba a Argentina a la siguiente ronda y se vestía de héroe, nada hacía suponer que una vez más no fuera posible. Pero como en aquella final de 2008, David volvió a mostrar la hilacha. Tras caer justamente por la buena actuación de Monfils, el unquillense acusó al capitán Modesto “Tito” Vázquez de tomar una decisión errónea al poner en el primer punto a Mónaco, lo que lo colocaba a él como el singlista argentino número 2 y obligaba a jugar el primer día ante el primer clasificado francés. “Jugar con Llodra hubiese sido más fácil, pero el capitán no se decidió a hacer el cambio”, tiró el ex número 3 del mundo. Nuevamente le tiró la responsabilidad a otro. En aquella oportunidad a Del Potro, el último viernes a Vázquez. Así es Nalbandian. Un jugador con espíritu copero, que demuestra su patriotismo hacia la bandera en la cancha, que figura como héroe ante sus inmensos triunfos, pero que también en las derrotas decide culpabilizar a otros.

“Para ganar la Davis debemos estar todos unidos”, se escuchó en 2008 y seguramente se volverá a oír en los próximos días. Esa es la cuestión, pero habrá que revisar las cosas más profundamente para que la historia no se repita por tercera vez. Una mayor autocrítica y la unión del grupo será fundamental para empezar a pensar en ganar alguna vez la tan añorada Davis.