
-¿Cómo empezó a jugar al fútbol?
-Lo mío fue de chiquito. Normalmente el jugador de fútbol arranca ya con una pelota en la cuna, viviendo cerca de un parque, saliendo a la calle, compartiendo con amigos. Es una pasión que comenzó de muy chiquito. Tengo entendido, según me contaron, siempre fue el “Nano” (como lo apodan) y adelante la pelota, o sea, yo atrás de la pelota.
-¿Cómo llegó a un club profesional?
Yo empecé en un club de barrio. Un día jugamos un partido amistoso contra un equipo que dirigía el ex jugador Mario Evaristo, hermano de Juan, quien dirigía a Boca. Parece que a Mario le caí bien y me llevó a una prueba a lo de Juan. El día que me fui a probarme fue justo cuando el ejército atacó Plaza de Mayo (16 junio de 1955). Yo estaba parado con mi bolsito ahí por Almirante Brown al 900, que era la sede de Boca. La primera práctica se hacía en lo que se denominaba Casa Amarilla. Unos días después me llegó otro telegrama de prueba, fui y ahí quedé directamente. Se conformó un equipo lindo de novena división y ahí comenzó la etapa de Inferiores en Boca. Recuerdo como adversarios de la edad mía a Juan Carlos Sarnari, a Roberto Perfumo, Osvaldo Mura; con quienes chocábamos siempre en Inferiores. Cada uno en su club fue llegando. Yo tuve la suerte de jugar siendo joven en lo que era la reserva de Boca. Después, me fui a San Lorenzo.
-¿Por qué se fue a San Lorenzo si había llegado hasta la reserva de Boca?
Porque uno se da cuenta. Cuando estás tapado, te das cuenta de que no tenés la posibilidad de llegar. Se dio justo. No me arrepiento para nada. Estoy agradecido de haber jugado en Boca, pero también a la labor de Adolfo Perdernera, quien en conjunto con algunos directivos ayudaron a que me pudiera ir. Me acuerdo que Alberto J. Armando no quería venderme. Pero al final se dio.
-Una vez en San Lorenzo, ¿cómo fue la llegada a la Primera?
Llegué a fines del ’62, porque me acuerdo que ese año salimos campeones con Boca en la tercera, reserva y Primera. En San Lorenzo, el primer año, ahí también salimos campeones de tercera. Era una muy buena categoría, junto con la de Rosario Central, Racing e Independiente. La gente iba a vernos, cuando venía la reserva se iba a comer y después esperaba a la Primera. Antes, a la cancha se iba muy temprano. Se iba de saco, corbata y sombrero. Era otra época.
-¿Cómo fue el debut en la Primera?
En el ’64. Antes, los sábados a la mañana se hacían unos 20 o 30 minutos de fútbol. Ese día, en la práctica, el técnico Chiche Barreiro me puso en el equipo y cuando terminó me dijo que me iba a llevar hasta mi casa. Porque antes uno viajaba en colectivo y caminaba las cuadras hasta la cancha. No es que llegaba en un BMW como ahora. Entonces, me llevó a casa y me dijo que esa noche fuera a la concentración porque iba a jugar.
-¿Y ahí fue cuando empezaron a gestarse los Carasucias?
Sí, ése fue el comienzo. No porque yo haya ingresado, sino porque había que variar un poco la conformación del equipo y fuimos subiendo de las Inferiores. En el ’63, ingresó Héctor Veira. Victorio Casa y Narciso Doval ya estaban. Cuando me sumé yo, creo que Carotti pasó de wing derecho. Después, viene Caballey. Contratan a dos paraguayos, Rodríguez de wing izquierdo y Zárate de 8. Arrancaba con Telch de 8 y Santamaría de 5. Después, pasa Telch de 5 y viene Rendo de 8. O sea, fuimos variando hasta encontrar un equipo, que jugaba bien. No ganamos cosas importantes, pero sí salíamos de aprietos que tenía el club en ese momento. Y fuimos cambiando muchachos mayores por algunos que éramos menores. Pero quedó en el recuerdo y el reconocimiento de la gente. Es el día de hoy que te conocen como los Carasucias. Y para mí es una alegría, porque la gente todavía sabe quién sos, te reconoce.

-¿Por qué les pusieron el nombre de Carasucias?
Porque jugábamos alegremente, se jugaba bien. Decìan que nos parecíamos a la selecciòn del '57 que ganó el Sudamericano. Pero también se le dice Carasucias a las manzanitas chiquitas, a lo juvenil diríamos. Ese fue el sentido más que nada.
-¿Por qué no pudieron llegar a ganar ningún título?
Primero, porque arrancamos de muy abajo. Y después, creo que la lesión de Héctor (Veira) en el tobillo fue bastante importante. Duró casi un año. Y ahí tuvimos que variar. Se fue cambiando también la defensa. Ya había muchachos que eran mayores. En mi época, cuando vos tenías el 3 adelante (30 años) era el pasaporte para irte a jugar afuera. Hasta los 29 podías jugar en lo que era el ambiente local. Después de los 30, te tenías que ir a Colombia, a Chile, había que zarpar, porque venía la gente más joven.
-Pero que no hayan conseguido títulos, ¿tuvo algo que ver con que los dirigentes o el técnico no hayan planteado objetivos claros?
No, en ese momento no había objetivos claros. La meta era jugar, que salgan los jugadores y después se vendían o se compraban. Era tratar de salir campeón. A nadie le interesaba entrar a la Copa, ni nada de eso. Esas cosas ni se pensaban. Se pensaba siempre en ganar. Yo nunca jugué en ningún equipo que dijera hoy vamos a empatar. Siempre era cuestión de ganar.
-¿Cómo eran las características de juego de cada uno de los delanteros de ese equipo?
En esa época, comparándola con la de ahora, el volante que vendría a ser el Di María de la selección, lo hacía Casa. Era un jugador de ida y vuelta. Héctor (Veira) jugaba más de punta, en el borde del área. Yo me tiraba de enganche, hacia atrás, cerca del 5 contrario. Había un wing derecho y un 8 que iba y venía. No era nada del otro mundo. El volante por derecha, era el estratega. Pero no iba pegado a la raya porque había un wing. Y se trabajaba con relevos. Si se iba el 4, quedaba el 8. Es exactamente lo mismo que ahora. Lo que pasa que el 9 antes jugaba más arriba. Entonces, yo me acostumbré a tirarme atrás, porque me sentía ahogado y ahí jugaba más tranquilo. Ahora es todo muy comprimido. Se usa la mitad de la cancha nada más. Cuando un equipo ataca, el central de ese equipo está cerca de la mitad de cancha, presionando. Anteriormente, cuando yo atacaba el central contrario me esperaba en el borde del área. Y mi central estaba en el borde del área mía. Es decir, que la cancha era larga y ancha porque había wings. Entonces, los espacios eran grandes.
-¿Tenía algún secreto ese equipo que jugaba tan bien?
El secreto nuestro era jugar. Teníamos un conocimiento y entendimiento de lo que era el juego. Cuidar la pelota, respaldarnos, ayudarnos. Jugar en corto, jugar en largo. Ir a buscar el centro, que uno al primer palo, que otro al segundo. No era difícil.
-¿Quién era el líder dentro de la cancha?
Líder no teníamos, nos arreglábamos entre todos. Antes los técnicos eran más que conocedores de los dibujos, de los esquemas, eran buena gente. Te trataban bien, te tenían bien organizado adentro del campo de juego. Y nosotros hacíamos las cosas que correspondían. Trabajábamos la pelota parada como ahora. Las pesas nunca las vimos. Lo que usábamos era una piedra medio pesada que agarrábamos, la levantábamos y la tirábamos al piso. Ahora están mejor preparados físicamente.
-Se decía que jugaban adentro de la cancha como eran afuera: divertidos, atrevidos, alegres. ¿Era así?
Sí, éramos alegres, pero jugábamos bien. Por ahí no hay un equipo que juegue así actualmente. Jugábamos bien, porque había espacio. En este momento, es muy difícil, no se puede jugar así. Hay muchos jugadores actuales que en esa época no podrían haber jugado. Antes, si no jugabas más o menos bien no te aceptaban. De la mitad para abajo, en el fondo, podías ser torpe, todo lo que quieras, ahí no había problema. Eran duros los centrales, te mataban como pegaban, mucho más fuertes que ahora.
-¿Cuál es la función que desarrolla actualmente en San Lorenzo?Soy Coordinador de Inferiores y buscador de talentos. Por ejemplo, la semana que viene viajo a Gualeguaychú y vengo con los nombres de los jugadores que me gustaron, se los paso a los técnicos de Inferiores y ellos se comunican con las familias para arreglar cuando pueden venir al club a hacer la prueba. Yo tengo que hacer lo sociable, hablo con la gente de las peñas, con los entrenadores del interior, me tengo que hacer responsable de todo eso tipo de cosas. Me gusta.
-¿Se siente ídolo de San Lorenzo, a pesar del corto paso que tuvo?
No, no jamás. La gente tiene un gran reconocimiento conmigo, pero ídolo jamás.

