sábado, 11 de diciembre de 2010

La “Rana” dio el gran salto

Después de la frustrada chance de ser campeón en 2009, Mauro Giallombardo saldó la cuenta pendiente y se coronó campeón de TC Pista, asegurándose el pase a la máxima categoría en la próxima temporada.


Con apenas 8 años comenzó a competir en kartings, donde logró 7 titulos en diferentes divisionales. Luego, tuvo la posibilidad en dos ocasiones de emprender su carrera deportiva hacia Europa, pero la falta de un sustento económico para afrontar el proyecto ofrecido se lo impidió. Un efímero paso por los monopostos de la Fórmula Renault le alcanzó para convertirse en el segundo piloto más joven en ganar una carrera en la categoría, detrás de Esteban Guerrieri. Sus progresivos resultados, tras la contundente consagración en el TC Mouras en 2008, le dieron crédito a Mauro Giallombardo para dar el traspaso al TC Pista.

Su primera temporada en la telonera del Turismo Carretera vislumbraba objetivos a corto plazo. Sin embargo, la rápida concreción de los mismos lo llevaron a clasificar a la Copa de Plata y perder el campeonato en la última fecha por tan sólo 5 puntos a manos de Tomás Urretavizcaya.


-¿Qué te faltó para ser campeón en el 2009?
-Analizando más las cosas, y sobre todo, viendo los errores que cometí, me faltó un poco más de frialdad. Pero no creo que lo haya perdido en la última fecha. En los playoffs, corrí bastante bien. Me fue mal a principio del año porque arriesgué mucho más de lo que tendría que haberlo hecho.

-¿Te arrepentís de lo que hiciste en la final de la última fecha en Buenos Aires?
-No, la verdad que no me arrepiento. Yo no quería ser un campeón más. Yo quería salir campeón ganando y fui a buscar la carrera. Igualmente, creo que la maniobra por la que me terminaron sancionando al tocar a Urretavizcaya fue clara. Él me dejó el espacio, le puse el auto y después el coche se me fue de costado.

-¿Por qué decidiste seguir un año más en la categoría?

-Porque me faltaba la tranquilidad que tengo hoy. Creo que no hubiese estado listo para pasar al TC. Si bien nunca lo estás totalmente, hoy me siento mucho más preparado.


Con una idea mucho más firme de lo que era correr en TC Pista, en este 2010 todas las fichas apuntaron desde el arranque a la conquista del campeonato. Tras conseguir la regularidad que le faltó la temporada pasada y superar ampliamente las expectativas, “La Rana” arribó a la última final del año en Buenos Aires necesitando únicamente 3,5 puntos para adjudicarse el número 1.

-¿Qué se te pasó por la cabeza cuando estabas en la recta principal antes de largar la final?
-No me puse a pensar demasiado porque estaba muy concentrado. Pero cuando Petruccelli puso el cartel de 5 y arrancó la grilla, le dije a los chicos del equipo que disfruten, que era su última carrera en TC Pista. Que habíamos hecho muy bien las cosas durante todo el año y que se estaba por cumplir el objetivo después de mucho esfuerzo. Que los sueños se pueden hacer realidad. Y ahí corte la radio.

-¿Cómo te enteraste del abandono de Claudio Kohler, el único que podía impedir tu consagración, y qué hiciste?
-Me lo dijeron por radio, festejé un poco y después intenté ir a buscar la carrera. La idea era esperar ver cómo se daban las cosas y si el campeonato estaba definido ir a ganarla. Hice eso, pero el auto no me dio.

-¿Lo tenías pensado desde antes ir a saludar a la hinchada de Ford si salías campeón o se te ocurrió en el momento?
-Se me ocurrió en el momento. Paré enfrente de la “4” y en realidad iba a ir corriendo hasta la hinchada, pero en ese instante me arrepentí, me agarraron ganas de llorar y me tiré al suelo.

-¿Pudiste ver algo del TC el domingo entre medio de los festejos?
-Si, vi la final. Ya estuve analizando mis rivales del año que viene. Algunos me estuvieron diciendo que van a tocar, pero no se las voy a hacer fácil.


Su paso al Turismo Carretera la temporada próxima lo dará de la mano del Alejandro Garófalo Motor Sport, equipo que prepara su auto desde el 2008, cuando se coronó campeón en el TC Mouras. No obstante, ese no será su único desafío de cara al futuro. Dentro de sus sueños, como el de la mayoría de los pilotos, se ubica en el escalafón más alto la Fórmula 1, aunque competir en una categoría de monopostos internacional no sería poco mérito. Por lo pronto, luego de debutar en el TC 2000 y ganar los 200 kilómetros de Buenos Aires junto a Bernardo Llaver, se presentará como piloto oficial de Renault en 2011. De esta manera, La “Rana” dará el primer salto a una escalera ascendente que lo lleve a cumplir sus máximas aspiraciones.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

“El evento”, un punto de reunión futbolero

Tras una puerta de vidrio con marco de madera, al igual que el ventanal que da a la calle de vidrios repartidos, se observa una hilera de mesas a cada lado del pasillo que se transita al ingresar camino al fondo del lugar. Son filas de dos mesas cuadradas y cuatro sillas típicas de bar, que se repiten sucesivamente a lo largo de unos 30 metros y continúan algunas hacia la derecha de la entrada, pegadas al ventanal que da a la calle. Banderas de River, Boca y San Lorenzo se observan colgadas entre las columnas casi a la altura del techo. Y un centenar de banderines, cuadros y fotos sobre distintos equipos del fútbol argentino se vislumbran en las paredes de ambos costados. Se trata de “El Evento”, un bar fundado hace 40 años por españoles y situado en Viamonte 1380, a unos pocos pasos de la sede de la Asociación del Fútbol Argentino.


Las 6 de la tarde pasadas de un día miércoles marca el reloj que se ubica por arriba de la puerta que se dirige hacia la cocina. Un par de hombres se encuentran sentados en una de las mesas centrales del local. “Todos los que están ahí, trabajan en la AFA”, señala Franco Rocchio, el encargado del bar desde hace un año, cuando cambiaron de dueños. “Uno es el periodista oficial y los otros son representantes de distintos clubes, que pasan por acá antes de ir a alguna de las reuniones que hay todos los días en este horario”, agrega el empleado de mayor jerarquía que se encuentra en ese momento en “El evento”. Dos de esos hombres son el delegado de Argentinos de Quilmes Juan Carlos Moreira y el dirigente de Juventud Unida Raúl López. “Yo hace como 20 años que vengo acá”, manifiesta el representante del conjunto mate. Mientras que el integrante de la comisión directiva del equipo de San Miguel, cuenta: “Generalmente, cuando tenemos tiempo, venimos antes de la reunión de la Divisional D, que es 7 y media, a tomar algo”.


Antes de terminar su horario de trabajo, llega al lugar Jorge, conocido como “El Chino”, un chico de 19 años, que es el encargado de llevar los pedidos adentro de la AFA. Si bien reconoce que “los empleados son buena onda”, cambia de parecer cuando habla sobre los personajes más importantes del fútbol que se cruza en el edificio vecino. “Los que son cancheros son los jugadores. He visto a Rolando Schiavi o Diego Buonanotte, los saludás, te miran y no te dicen nada. Se creen estrellas”.

“Uno de los que vino hace poco es Claudio ‘el Turco’ García”, recuerda Melisa Gavira, una de las mozas. “Muy macanudo. Le hicieron una nota para El Gráfico acá, sentado en su silla”, añade la mesera, haciendo referencia a que cada uno de los asientos lleva el nombre de un jugador de fútbol en la parte superior del respaldo.


Un punto de reunión. Un lugar para pasar el tiempo y tomar algo antes o después de ejercer sus obligaciones en la sede de la AFA. Eso es para Moreira y López, en los minutos previos a la reunión de su divisional. Eso es para el ex árbitro Aníbal Hay, que se reúne en ese mismo horario todos los viernes junto a sus pares, previamente a los sorteos de los jueces para los partidos. Y eso es para Juan Román Riquelme, Sergio Agüero, Javier Mascherano, Esteban Cambiasso, José Pekerman o Ubaldo Fillol, entre tantos otros, quienes pasaron por ahí en algún momento, según recuerda el cocinero del lugar, apodado “Tapi”, que trabaja allí hace 10 años.

sábado, 23 de octubre de 2010

Marcadores de punta: ¿en vías de extinción?

En Sudáfrica 2010, Diego Maradona optó por jugar con dos marcadores centrales en la posición de laterales. José Pekerman utilizó en Alemania 2006 sólo a uno, que fue Juan Pablo Sorín por la banda izquierda. Corea-Japón 2002 fue la última vez en la que se vio a dos especialistas del puesto: Javier Zanetti por la derecha y Diego Placente en la banda contraria; relegando al propio Sorín como volante por la izquierda. Entonces, ¿Faltan laterales o hay pero no son utilizados?


La última lista mundialista entregó sólo un lateral definido: Clemente Rodríguez. La sorpresa fue la inclusión de Ariel Garcé, que no disputó ningún minuto del campeonato. El técnico decidió incluir a centrales buscando firmeza en la marca, como el caso de Nicolás Otamendi y Gabriel Heinze, pero con poca vocación ofensiva. Al respecto, el asesor técnico de las inferiores de San Lorenzo, Fernando Areán, señala: “Poner a Otamendi de lateral en el mundial fue un error. Pero con las ganas que uno tiene de jugar en la selección, juega de lo que lo pongan”.

Los dos marcadores de punta con más partidos en la selección en los últimos cuatro mundiales fueron Sorín y Zanetti. Excepto Placente, ningún otro consiguió afianzarse en la posición. Algunos de los jugadores convocados para esa función, aunque sin lograr consolidarse, fueron Hugo Ibarra, Pablo Zabaleta, Clemente Rodríguez, Emiliano Insúa, Emiliano Papa y Fabián Monzón, entre otros.

La escasez de laterales en el seleccionado puede explicarse en la situación que vive el fútbol local, donde sólo 3 de los 20 equipos de Primera juegan con 2 marcadores de punta naturales en su formación titular: River (Paulo Ferrari y Carlos Arano), Banfield (Marcelo Bustamante y Santiago Ladino) y Gimnasia de La Plata (Ricardo Moreira y Hugo Iriarte). Al respecto, el lateral de Argentinos Juniors, Gonzalo Prósperi, asegura: “Marcadores de punta hay y muchos, pero a veces son tapados por centrales. El problema es que no se confía en que puedan tener tanta marca”.

Ante la cantidad de equipos que juegan con zagueros centrales y no con laterales, surge el debate: ¿es imprescindible que la posición sea ocupada por especialistas? En referencia a este interrogante, el Director General del Fútbol Amateur de River, Juan José López, opina que “lo ideal es que no roten de puesto, buscamos que sean especialistas. Los chicos deben traer buena técnica y una posición, que se le puede variar, pero cuando encuentran el puesto hay que mantenerlos ahí para que vayan creciendo”.

Un esquema táctico que es utilizado cada vez más por los técnicos argentinos y que provocó que el puesto natural y tradicional de marcador de punta se haya modificado, es la línea de tres defensores y dos laterales-volantes por afuera. De los 20 equipos, 7 juegan hoy con ese sistema. Sólo Argentinos Juniors ubica por las bandas a dos laterales naturales: Gonzalo Prósperi y Sergio Escudero. Sobre lo que provoca el cambio de esquema, el Coordinador de Infantiles de Argentinos Juniors y ex lateral Fernando Batista destaca: ”Los marcadores de punta, como el enganche, a medida que suben de categoría se van perdiendo”. Y Mario Sciaqua, entrenador de la Reserva de Colón, agrega: “Los técnicos van adaptando al jugador según el esquema”.

Nota realizada junto a Nicolás Martins.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Violeta Pernice aspira a demostrar la evolución femenina en el automovilismo

En un mundo machista como es el del automovilismo, donde muy pocas mujeres en la historia han podido ingresar, Violeta Pernice, con 18 años, está corriendo su segunda temporada en Top Race Junior y aspira con llegar al Turismo Carretera. Su sueño máximo es competir en la Fórmula 1.


Diez años en karting, dos en Fórmula Renault Metropolitana y un par de carreras en Fórmula Renault Plus le bastaron a Pernice para llegar con sólo 17 años al Top Race Junior. Con dos temporadas disputadas, se prevé que para junio de 2011 Violeta pueda correr en la categoría mayor del V6.

Su desafío dentro del automovilismo es demostrar que las mujeres también pueden estar detrás de un volante y que no sólo sirven para lavar los platos, como dice el cartel que lleva en el paragolpe trasero de su auto, volviendo locos a los hombres cada vez que los supera en la pista. “La inscripción ‘Andá vos a lavar los platos’ es para llamar un poquito la atención y romper el hielo”, comenta la piloto del auto rosa número 15.


Si bien dentro de este deporte las desventajas para una mujer abundan, la santafesina le encuentra el lado positivo: “Al correr 70 hombres y una mujer, esa mujer se diferencia del resto. A lo mejor, de los 70 hombres, sólo 15 son conocidos. La mujer, al ser única, se identifica fácil”.

Dentro del Top Race Junior, su mejor resultado lo consiguió en la primera fecha de la temporada 2010-2011, disputada en San Pablo, cuando cruzó la bandera a cuadros en la séptima posición. El mismo logro lo había obtenido el año pasado en Comodoro Rivadavia, pero la buena actuación en Brasil tuvo una mayor relevancia, ya que según Violeta es “una vidriera muy importante para nosotros”.


Sólo tres damas han podido participar en el Turismo Carretera: Delia Borges, Dora Bavio y Marisa Panagópulo. Sin embargo, Violeta busca ser la cuarta integrante de la lista y meterse en la historia de la categoría más popular de nuestro país, como mayor aspiración a nivel nacional. “Creo que como quisiera cualquier piloto, el máximo sueño es llegar a la Fórmula 1”, vislumbra Pernice, deseando seguir los pasos de su ídola Dánica Patrick, quien tiene grandes posibilidades de incorporarse al mundial de automovilismo en 2011.

Ianina Zanazzi fue la primera mujer en ganar una carrera de una categoría nacional, cuando el 20 de junio de 1999, a la misma edad con la que Pernice comenzó a correr, se llevó la victoria de la Fórmula Súper Renault en Río Cuarto. Violeta, con sus ganas y ansias por superarse día a día, intentará lo mismo en lo que resta de la temporada, de cara a la gran chance de sumarse al Top Race V6 y seguir adquiriendo experiencia en un mundo tuerca en el que la oriunda de San Lorenzo no quiere pasar desapercibida.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Las dos caras del Rey de la Davis

Pieza clave para Argentina en la Copa Davis, no le tiembla el pulso a la hora de enfrentar a los mejores tenistas del circuito cuando se trata de esta competencia, sea en la superficie que sea, arrastrando buenos resultados previos o sin haber jugado durante 6 meses. Eso representa David Nalbandian, quien una vez más salió a defender su posición tras la derrota ante Francia.


Sus condiciones técnicas y espíritu para jugar la Davis son indiscutibles. Es como si hubiese nacido para jugar este torneo. Con un récord de 41 victorias y 10 derrotas, el Rey siempre estuvo presente en los momentos más calientes que el equipo lo necesitó.

Su primera gran demostración fue en 2005, cuando en la serie por cuartos de final ante Australia como visitante, consiguió los tres puntos que le otorgaron el pase a semifinales a Argentina. Ganó el dobles en una improvisada pareja que conformó junto a Mariano Puerta y venció el día domingo al por entonces número 2 del mundo, Lleyton Hewitt, para cerrar la serie 3-1, además de su triunfo logrado en el primer single ante Wayne Arthurs.


En la final disputada en Moscú ante los locales en 2006, Nalbandian cosechó dos grandes victorias en sus puntos de singles ante Marat Safin y Nikolay Davydenko, pero la derrota en el dobles con Agustín Calleri como compañero terminó siendo clave para que la ensaladera se la llevaran los rusos.

En los cuartos de final ante Suecia en 2008, cuando la serie parecía complicarse ante los bajos rendimientos de los demás jugadores argentinos, el cordobés se impuso a Thomas Johansson a pesar de no estar 100 por ciento físicamente, ganó el día sábado junto a Guillermo Cañas y venció en un partido tremendo a cinco sets a Robin Soderling con más garra que tenis.


Como ya era una costumbre, el Rey jugó nuevamente los tres puntos de la serie ante Rusia por semifinales de ese mismo año, ganando sus singles ante Igor Andreev y Nikolay Davydenko y nuevamente el dobles junto a Cañas.

La final de 2008 ante España en Mar del Plata fue la primera circunstancia en la que mostró la hilacha. Luego de su victoria ante David Ferrer abriendo la serie, Juan Martín Del Potro cayó inesperadamente ante Feliciano López a causa de una contractura en el aductor derecho, que posteriormente determinaría su ausencia en el single del domingo. Al ponerse la serie 1-1, el punto de dobles pasó a tener una gran relevancia, por lo que el triunfo de los españoles el sábado, obligaba a Argentina a ganar el cuarto punto. Sin Del Potro, el que ocupó su lugar fue Acasuso, pero no pudo con Fernando Verdasco y la copa se la llevó España, que vino sin el número 2 del mundo Rafael Nadal. Nalbandian ni salió a jugar el quinto punto. Con el resultado puesto, las críticas del unquillense apuntaron al por entonces número 9 del ranking, acusándolo de no llegar en buen estado físico por disputar el Masters de Shangai, en lugar de preservar su condición para la Davis. Los enfrentamientos entre los jugadores y discusiones en el vestuario el día sábado se hicieron conocidas tiempo después.


“Para ganar la Davis debemos estar todos unidos”. Esa fue la frase que se escuchó de distintas voces del equipo argentino, meses después de la dolorosa derrota en el Polideportivo Islas Malvinas y conocidos los conflictos entre los jugadores.

En 2009, sin la participación de David por una operación en la cadera, Argentina llegó hasta cuartos de final, donde cayó como visitante ante República Checa por 3-2.
Si según la lógica la mejor condición en la que puede llegar un tenista a una serie de Copa Davis es adquiriendo continuidad en el circuito y consiguiendo buenos resultados previos, el Rey David rompe la lógica totalmente. En plena etapa de recuperación, luego una lesión producida en el aductor derecho durante la Copa Telmex de Buenos Aires, Nalbandian decidió viajar a Estocolmo sólo dos días antes del comienzo de la serie ante Suecia por los octavos de final, que se disputó en marzo de este año. Sin Del Potro y Mónaco por lesión, la serie se veía más que complicada cuando el deber llamó a David. Únicamente un par de entrenamientos en Buenos Aires la semana anterior y la práctica del jueves en el Kungliga Tennishallen, le bastaron al unquillense para ganar el dobles junto a Horacio Zeballos y triunfar en el quinto punto ante Andreas Vinciguerra. Una vez más, el rey David se puso el equipo al hombro.


Nuevamente sin continuidad en el circuito, David viajó a Rusia para jugar la siguiente ronda de la Davis. Contar con los dos puntos de singles suyos al analizar una serie en la previa, ya se convirtió en una costumbre. Que los gane, por más duro que sea el rival, también. Es por eso, que los dobles se transformaron en el tema de debate sobre quiénes deben integrar la dupla que dispute el punto del sábado. Esta vez, el físico no le alcanzó a Nalbandian para jugar los tres días, por lo que el triunfo de Eduardo Schwank y Horacio Zeballos trajo muchas esperanzas apostando en la formación de una pareja a futuro. Las victorias ante Nikolay Davydenko y Michael Youzhny, vistieron otra vez a David de héroe.

El capítulo más cercano de esta historia copera se vivió el último fin de semana. Apostando todo como de costumbre a los singles del cordobés, su derrota ante Gael Monfils el viernes sorprendió a todos. La serie se puso 0-2 abajo para Argentina y casi irremontable, pensando que debía ganar los tres puntos restantes, luego de los flojos rendimientos mostrados por el mismo David y Mónaco. El golpe pegó tan duro, que la pareja Schwank-Zeballos, en esta oportunidad arrastrando un buen ritmo en el circuito que preveía buenos resultados –incluso llegaron a semifinales del US Open jugando juntos-, en ningún momento del partido llegó a estar quiebre arriba. Esta situación demuestra la dependencia que tiene Argentina de David Nalbandian. Una situación que estaba a la vista de todos, pero que mientras que el Rey ganaba sus puntos, clasificaba a Argentina a la siguiente ronda y se vestía de héroe, nada hacía suponer que una vez más no fuera posible. Pero como en aquella final de 2008, David volvió a mostrar la hilacha. Tras caer justamente por la buena actuación de Monfils, el unquillense acusó al capitán Modesto “Tito” Vázquez de tomar una decisión errónea al poner en el primer punto a Mónaco, lo que lo colocaba a él como el singlista argentino número 2 y obligaba a jugar el primer día ante el primer clasificado francés. “Jugar con Llodra hubiese sido más fácil, pero el capitán no se decidió a hacer el cambio”, tiró el ex número 3 del mundo. Nuevamente le tiró la responsabilidad a otro. En aquella oportunidad a Del Potro, el último viernes a Vázquez. Así es Nalbandian. Un jugador con espíritu copero, que demuestra su patriotismo hacia la bandera en la cancha, que figura como héroe ante sus inmensos triunfos, pero que también en las derrotas decide culpabilizar a otros.


“Para ganar la Davis debemos estar todos unidos”, se escuchó en 2008 y seguramente se volverá a oír en los próximos días. Esa es la cuestión, pero habrá que revisar las cosas más profundamente para que la historia no se repita por tercera vez. Una mayor autocrítica y la unión del grupo será fundamental para empezar a pensar en ganar alguna vez la tan añorada Davis.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Atlanta campeón de la Copa Suecia 1958

Hace 50 años, 3 meses y 19 días el club Atlanta se consagraba campeón en la única edición de la Copa Suecia, torneo que se disputó durante el receso del Mundial de 1958 para que los clubes argentinos no estuvieran en inactividad por tanto tiempo, venciendo en la final a Racing por 3-1.


“El desánimo generalizado por la mala actuación de la selección argentina que dirigía Guillermo Stábile en el Mundial de Suecia 1958 influyó en la concurrencia de la gente a los estadios. Tras el regreso del conjunto albiceleste al país, se reanuda el torneo local y la falta de fechas hizo que algunos partidos de la copa se terminaran jugando en 1959 y la final se disputara recién en 1960”, explicó el historiador Edgardo Imas.

“La discontinuidad de los partidos nos daba la posibilidad de descansar. Éramos un equipo muy corto con quince jugadores, participábamos de los dos torneos y no había cambios”, recordó Mario Griguol, primo de Carlos Timoteo.

Los 16 equipos participantes de la competición estaban divididos en dos grupos de ocho. Una zona la ganó Racing claramente y en la otra igualaron en el primer puesto Rosario Central y Atlanta. Un año después, se jugó un partido desempate en la cancha de Newell´s, que el bohemio ganó por 1-0 con gol del uruguayo Walter José Roque. Así, quedó primero y disputó la final con Racing.


“A mí me tocó debutar en la copa frente a River en su estadio. Me impresionó entrar por primera vez al vestuario y ver la cancha. Atlanta batió a River por 4-1, una cosa que parecía ilógica. Además, tuve la suerte de convertir. Yo era muy joven, todavía uno no dimensionaba cuánta importancia podían tener en el futuro esos acontecimientos”, comentó Mario Katzman en referencia al primer partido del torneo.

“Antes el fútbol se vivía de otra forma. Íbamos a todas a las canchas en las que jugaba Atlanta y nos mezclabámos con los hinchas del rival, que no pasaba nada”, contó Julio Bardelli, un hincha del bohemio.

La final tuvo lugar el 29 de abril de 1960 en el Viejo Gasómetro de San Lorenzo. El primer tiempo finalizó 2-0 para Atlanta y en la segunda mitad descontó Rubén Héctor Sosa, pero Alberto González volvió a sacar la diferencia para cerrar el marcador 3-1. “Le pegué al arco, sin pensar dónde iba a entrar y se clavó en el ángulo. Para mí era como tocar la gloria con las manos. Y los besos, los abrazos de los muchachos que sólo conocía de verlos jugar... Era inenarrable, inenarrable”, recordó el Nene González, quien debutó en la Primera División en el partido definitorio. “Todavía no cumplía los 19 años. Ser citado, debutar en Primera, hacer el tercer gol, salir campeones por primera vez con Atlanta a nivel profesional, fue inborrable. Era realmente participar en la historia de una institución que es y será importante a pesar de jugar en la Primera B”, expresó González.


Nunca antes un equipo chico había ganado un torneo de AFA. Tampoco el bohemio había conseguido un campeonato en el profesionalismo. “Para Atlanta esto no es lo mismo que para los hinchas de clubes como River o Boca. En la época que nosotros salimos campeones sólo lo hacían los cinco grandes. Es como cuando se logra algo que parecía imposible. Sin embargo, se logró”, recuerda Mario Katzman.

En ese torneo, el equipo de Villa Crespo jugó 16 partidos de los cuales ganó 9, empató 3 y perdió 4; con 30 goles a favor y 19 en contra. A causa de la larga duración de la copa, tanto el plantel como el cuerpo técnico se fueron renovando. Victorio Luis Spinetto se hizo cargo del equipo en el comienzo de la Copa Suecia hasta el partido desempate ante Central, cuando lo sucedió Juan Carlos Fonda, mientras que en la final Manuel Giúdice dirigió al conjunto de Villa Crespo. “Se juntaron un grupo de jugadores liderados en un primer momento por Spinetto y luego por Fonda, con un gran preparador físico como Adolfo Mogilevsky, muy adelantado para la época”, contó Osvaldo Güenzatti. Por otra parte, sólo Carlos Griguol, Rodolfo Bettinoti, Norberto Desanzo y Oscar Clariá fueron los futbolistas que estuvieron presentes en todos los encuentros.

“Yo no era tan sólo un hincha de Atlanta, yo era un fervoroso enamorado de esa camiseta que ocupaba un inconmensurable espacio en mi vida y lo era por diversas razones que no vienen al caso mencionar, excepto una: éramos David contra Goliat”, expresó en una carta Jorge Kobowsky, hijo de uno de los ex presidentes del club.

Si bien en su momento fue un logro importante para Atlanta, no tuvo la misma trascendencia que fue adquiriendo a través de los años, quedando en la historia del club como el único campeonato conquistado en el profesionalismo. Después de 49 años, el título obtenido en 1960 fue reconocido oficialmente por la Asociación de Fútbol Argentino y desde entonces la camiseta cuenta con su primera estrella bordada en la parte superior del escudo.


Conmemoración de la Copa Suecia 1958 por el programa Fuimos Héroes:







Nota realizada junto a Maribel Costantino y Fabiola Villalba.

miércoles, 7 de julio de 2010

Un toro argentino emblema en Paraguay

Con 97 presencias en la selección paraguaya y 5 goles entre 1993 y 2006, Roberto Acuña es el segundo jugador que más veces vistió la camiseta albirroja, detrás de Carlos Gamarra, quien cuenta con 110 convocatorias.


Argentino nacionalizado paraguayo por el origen de sus padres, se fue a los 17 años con la carta de libertad de Independiente, donde realizó las Inferiores, para pasar al fútbol que poco tiempo después representaría en su selección. Sólo un año más tarde de arribar al país guaraní debutó en la Primera de Nacional.

“No me molesta. Es por el coraje que pongo en la cancha. En Argentina todos me llaman así”; hace referencia Acuña al apodo que le puso un periodista, el “Toro”, en su época como jugador de Boca. Potente, fuerte en la marca, de gran pegada y talento, ir siempre hacia adelante es una de las características en la vida de este volante.

Durante su carrera pasó por varios clubes paraguayos, argentinos y españoles, entre los que se destacan los títulos logrados con Independiente al ganar la Supercopa Sudamericana en 1995 y la Copa del Rey con Real Zaragoza en 2001. Además, tuvo un corto paso por el Al Ain de Arabia Saudita.


Disputó los mundiales de 1998, 2002 y 2006. En las primeras dos competiciones, el equipo albirrojo llegó a los octavos de final, mientras que en la última edición no pudo pasar la primera ronda.

A sus 38 años, el “Toro” continúa jugando en la máxima categoría del fútbol paraguayo, más precisamente en Rubio Ñu, donde se encuentra desde 2009.

miércoles, 30 de junio de 2010

Un imborrable Carasucia

Junto a Héctor Veira, Victorio Casa, Narciso Doval y Roberto Telch formó parte del recordado equipo de San Lorenzo de 1964, conocido como los Carasucias, quienes quedaron en el reconocimiento de la gente por el buen juego que mostraron, a pesar de no conseguir ningún título. Hoy, como Coordinador de Inferiores en el club de Boedo, Fernando Areán repasa sus comienzos en el fútbol, lo que significó ese conjunto y compara su época como jugador con la actual.


-¿Cómo empezó a jugar al fútbol?
-Lo mío fue de chiquito. Normalmente el jugador de fútbol arranca ya con una pelota en la cuna, viviendo cerca de un parque, saliendo a la calle, compartiendo con amigos. Es una pasión que comenzó de muy chiquito. Tengo entendido, según me contaron, siempre fue el “Nano” (como lo apodan) y adelante la pelota, o sea, yo atrás de la pelota.

-¿Cómo llegó a un club profesional?
Yo empecé en un club de barrio. Un día jugamos un partido amistoso contra un equipo que dirigía el ex jugador Mario Evaristo, hermano de Juan, quien dirigía a Boca. Parece que a Mario le caí bien y me llevó a una prueba a lo de Juan. El día que me fui a probarme fue justo cuando el ejército atacó Plaza de Mayo (16 junio de 1955). Yo estaba parado con mi bolsito ahí por Almirante Brown al 900, que era la sede de Boca. La primera práctica se hacía en lo que se denominaba Casa Amarilla. Unos días después me llegó otro telegrama de prueba, fui y ahí quedé directamente. Se conformó un equipo lindo de novena división y ahí comenzó la etapa de Inferiores en Boca. Recuerdo como adversarios de la edad mía a Juan Carlos Sarnari, a Roberto Perfumo, Osvaldo Mura; con quienes chocábamos siempre en Inferiores. Cada uno en su club fue llegando. Yo tuve la suerte de jugar siendo joven en lo que era la reserva de Boca. Después, me fui a San Lorenzo.

-¿Por qué se fue a San Lorenzo si había llegado hasta la reserva de Boca?
Porque uno se da cuenta. Cuando estás tapado, te das cuenta de que no tenés la posibilidad de llegar. Se dio justo. No me arrepiento para nada. Estoy agradecido de haber jugado en Boca, pero también a la labor de Adolfo Perdernera, quien en conjunto con algunos directivos ayudaron a que me pudiera ir. Me acuerdo que Alberto J. Armando no quería venderme. Pero al final se dio.

-Una vez en San Lorenzo, ¿cómo fue la llegada a la Primera?

Llegué a fines del ’62, porque me acuerdo que ese año salimos campeones con Boca en la tercera, reserva y Primera. En San Lorenzo, el primer año, ahí también salimos campeones de tercera. Era una muy buena categoría, junto con la de Rosario Central, Racing e Independiente. La gente iba a vernos, cuando venía la reserva se iba a comer y después esperaba a la Primera. Antes, a la cancha se iba muy temprano. Se iba de saco, corbata y sombrero. Era otra época.

-¿Cómo fue el debut en la Primera?
En el ’64. Antes, los sábados a la mañana se hacían unos 20 o 30 minutos de fútbol. Ese día, en la práctica, el técnico Chiche Barreiro me puso en el equipo y cuando terminó me dijo que me iba a llevar hasta mi casa. Porque antes uno viajaba en colectivo y caminaba las cuadras hasta la cancha. No es que llegaba en un BMW como ahora. Entonces, me llevó a casa y me dijo que esa noche fuera a la concentración porque iba a jugar.

-¿Y ahí fue cuando empezaron a gestarse los Carasucias?
Sí, ése fue el comienzo. No porque yo haya ingresado, sino porque había que variar un poco la conformación del equipo y fuimos subiendo de las Inferiores. En el ’63, ingresó Héctor Veira. Victorio Casa y Narciso Doval ya estaban. Cuando me sumé yo, creo que Carotti pasó de wing derecho. Después, viene Caballey. Contratan a dos paraguayos, Rodríguez de wing izquierdo y Zárate de 8. Arrancaba con Telch de 8 y Santamaría de 5. Después, pasa Telch de 5 y viene Rendo de 8. O sea, fuimos variando hasta encontrar un equipo, que jugaba bien. No ganamos cosas importantes, pero sí salíamos de aprietos que tenía el club en ese momento. Y fuimos cambiando muchachos mayores por algunos que éramos menores. Pero quedó en el recuerdo y el reconocimiento de la gente. Es el día de hoy que te conocen como los Carasucias. Y para mí es una alegría, porque la gente todavía sabe quién sos, te reconoce.


-¿Por qué les pusieron el nombre de Carasucias?
Porque jugábamos alegremente, se jugaba bien. Decìan que nos parecíamos a la selecciòn del '57 que ganó el Sudamericano. Pero también se le dice Carasucias a las manzanitas chiquitas, a lo juvenil diríamos. Ese fue el sentido más que nada.

-¿Por qué no pudieron llegar a ganar ningún título?
Primero, porque arrancamos de muy abajo. Y después, creo que la lesión de Héctor (Veira) en el tobillo fue bastante importante. Duró casi un año. Y ahí tuvimos que variar. Se fue cambiando también la defensa. Ya había muchachos que eran mayores. En mi época, cuando vos tenías el 3 adelante (30 años) era el pasaporte para irte a jugar afuera. Hasta los 29 podías jugar en lo que era el ambiente local. Después de los 30, te tenías que ir a Colombia, a Chile, había que zarpar, porque venía la gente más joven.

-Pero que no hayan conseguido títulos, ¿tuvo algo que ver con que los dirigentes o el técnico no hayan planteado objetivos claros?
No, en ese momento no había objetivos claros. La meta era jugar, que salgan los jugadores y después se vendían o se compraban. Era tratar de salir campeón. A nadie le interesaba entrar a la Copa, ni nada de eso. Esas cosas ni se pensaban. Se pensaba siempre en ganar. Yo nunca jugué en ningún equipo que dijera hoy vamos a empatar. Siempre era cuestión de ganar.

-¿Cómo eran las características de juego de cada uno de los delanteros de ese equipo?
En esa época, comparándola con la de ahora, el volante que vendría a ser el Di María de la selección, lo hacía Casa. Era un jugador de ida y vuelta. Héctor (Veira) jugaba más de punta, en el borde del área. Yo me tiraba de enganche, hacia atrás, cerca del 5 contrario. Había un wing derecho y un 8 que iba y venía. No era nada del otro mundo. El volante por derecha, era el estratega. Pero no iba pegado a la raya porque había un wing. Y se trabajaba con relevos. Si se iba el 4, quedaba el 8. Es exactamente lo mismo que ahora. Lo que pasa que el 9 antes jugaba más arriba. Entonces, yo me acostumbré a tirarme atrás, porque me sentía ahogado y ahí jugaba más tranquilo. Ahora es todo muy comprimido. Se usa la mitad de la cancha nada más. Cuando un equipo ataca, el central de ese equipo está cerca de la mitad de cancha, presionando. Anteriormente, cuando yo atacaba el central contrario me esperaba en el borde del área. Y mi central estaba en el borde del área mía. Es decir, que la cancha era larga y ancha porque había wings. Entonces, los espacios eran grandes.

-¿Tenía algún secreto ese equipo que jugaba tan bien?
El secreto nuestro era jugar. Teníamos un conocimiento y entendimiento de lo que era el juego. Cuidar la pelota, respaldarnos, ayudarnos. Jugar en corto, jugar en largo. Ir a buscar el centro, que uno al primer palo, que otro al segundo. No era difícil.

-¿Quién era el líder dentro de la cancha?
Líder no teníamos, nos arreglábamos entre todos. Antes los técnicos eran más que conocedores de los dibujos, de los esquemas, eran buena gente. Te trataban bien, te tenían bien organizado adentro del campo de juego. Y nosotros hacíamos las cosas que correspondían. Trabajábamos la pelota parada como ahora. Las pesas nunca las vimos. Lo que usábamos era una piedra medio pesada que agarrábamos, la levantábamos y la tirábamos al piso. Ahora están mejor preparados físicamente.


-Se decía que jugaban adentro de la cancha como eran afuera: divertidos, atrevidos, alegres. ¿Era así?
Sí, éramos alegres, pero jugábamos bien. Por ahí no hay un equipo que juegue así actualmente. Jugábamos bien, porque había espacio. En este momento, es muy difícil, no se puede jugar así. Hay muchos jugadores actuales que en esa época no podrían haber jugado. Antes, si no jugabas más o menos bien no te aceptaban. De la mitad para abajo, en el fondo, podías ser torpe, todo lo que quieras, ahí no había problema. Eran duros los centrales, te mataban como pegaban, mucho más fuertes que ahora.

-¿Cuál es la función que desarrolla actualmente en San Lorenzo?Soy Coordinador de Inferiores y buscador de talentos. Por ejemplo, la semana que viene viajo a Gualeguaychú y vengo con los nombres de los jugadores que me gustaron, se los paso a los técnicos de Inferiores y ellos se comunican con las familias para arreglar cuando pueden venir al club a hacer la prueba. Yo tengo que hacer lo sociable, hablo con la gente de las peñas, con los entrenadores del interior, me tengo que hacer responsable de todo eso tipo de cosas. Me gusta.

-¿Se siente ídolo de San Lorenzo, a pesar del corto paso que tuvo?
No, no jamás. La gente tiene un gran reconocimiento conmigo, pero ídolo jamás.

jueves, 10 de junio de 2010

El hacedor de milagros

Tomó las riendas de Italia tras el papel decepcionante que realizó en la Eurocopa 2004, eliminada en primera ronda. Cambió radicalmente la mentalidad de los jugadores y se consagró campeón del Mundial de Alemania 2006. En Sudáfrica 2010, Marcello Lippi buscará no sólo revalidar el título conseguido cuatro años atrás, sino también igualar a Vittorio Pozzo, el único entrenador en la historia en obtener dos copas del mundo.


Renunció a su cargo tras la consagración en Alemania, pero regresó a la selección azurra ante el pedido de los dirigentes, nuevamente después de una mala actuación en una Eurocopa, esta vez la del 2008, quedando afuera en cuartos de final.
"Ninguna selección es superior a Italia. No quiero decir que seamos mejores que todas las demás, pero puedo asegurar que no somos inferiores a ningún equipo"; esa declaración muestra claramente la mentalidad ganadora que le transmitió a sus dirigidos.

El italiano, nacido el 11 de abril de 1948 en la ciudad de Viareggio, ubicada en el centro de Italia, donde todos (incluido él) son aficionados de la pesca y el mar, vistió los pantalones cortos en la posición de defensor para tres equipos de su país: Savona, Sampdoria y Pistoiese. Si bien no participó de partidos internacionales con su selección como jugador, Lippi se quedó afuera de Alemania 1974, justamente donde 32 años después se tomó revancha consagrándose campeón como técnico.


“El fútbol es belleza más resultado”, asegura Lippi y es la idea que implementó en sus dos etapas en Juventus, donde como técnico ganó todo: Champions League (más 3 finales), Intercontinental, Copa UEFA, Supercopa de Europa, Copa de Italia, 3 Supercopas de Italia y 5 Scudettis. Anteriormente había dirigido al Inter de Milán y a equipos chicos del mismo país, donde no logró el éxito como sí lo hizo en la Vecchia Signora.

Ya se conoce su sucesor tras Sudáfrica 2010, el actual técnico de Fiorentina Cesare Prandelli. Sin embargo, Lippi una vez más tratará de hacer el milagro, como sucedió en el 2006 en medio de la peor crisis del fútbol italiano y las críticas recibidas por la prensa ante los sobornos a los árbitros, de salir campeón mundial.

lunes, 31 de mayo de 2010

Tarde pero seguro

Llegó a México 1986, con apenas 60 minutos jugados con la camiseta de la selección, en los dos amistosos previos contra Noruega e Israel. Sin embargo, terminó siendo pieza clave en el torneo, donde fue titular en los últimos tres partidos. Héctor Adolfo Enrique, se metió por la ventana en aquella oportunidad y hoy, 24 años después, repite la historia, sumándose sobre el final al cuerpo técnico que ya viajó a Sudáfrica 2010.


“Mucho elogio, mucho elogio para él, pero con el pase que le di, si no hacía el gol era para matarlo”, repite siempre Enrique, con su humor característico, haciendo referencia al segundo gol contra los ingleses, que luego sería elegido el mejor de la historia de los mundiales.

El ‘86 fue su mejor año: ganó el campeonato local, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental con River; y salió campeón mundial, con la selección argentina.

Adolfo Perdernera fue quien lo puso en la posición de volante derecho en el equipo millonario, ya que jugaba como delantero. Tal fue el agradecimiento hacia él que el Negro bautizó a su hijo mayor con el nombre de su descubridor. En 1990, tuvo que dejar por consejo de Daniel Passarella la institución de Nuñez, debido a la lesión que lo maltraía desde ya hacía varios años. “Cuando me fui de River, lloré como un nene”, recordaría luego de irse del club.

En 1977, Enrique vendía los diarios del River campeón con su hermano Carlos, en Loma Verde, donde lo llamaban “Pelé”, porque era morocho y goleador. Trece años después, la tapa de los diarios serían ellos dos festejando el título con el conjunto millonario.


Si bien no tuvo demasiada experiencia como técnico, únicamente dirigiendo en dupla con José Luis Brown a Almagro en el 2000 y a los juveniles de la Sub 15 antes de asumir a este cargo, ya se dio el gusto de estar al mando de la selección mayor junto con Alejandro Mancuso, el 22 de diciembre de 2009, frente a Catalunya, por la suspensión de Maradona.

Luego de los intentos fallidos por incorporar a Oscar Ruggeri al cuerpo técnico del seleccionado y la criticada presencia de Alejandro Mancuso como la mano derecha de Diego, finalmente, el que llegó fue Enrique. Como en el ’86, el Negro intentará ayudar nuevamente a Maradona a traerse la medalla de campeón.

sábado, 29 de mayo de 2010

Leo Gutiérrez, imprescindible para que Peñarol sea campeón

Peñarol se consagró campeón de la liga nacional de básquet al ganarle en el quinto juego por 80 a 60 a Atenas de Córdoba, luego de 16 años sin conseguirlo y haber caído en dos finales, justamente en las que tenía de la vereda de en frente a Leonardo Gutiérrez, pieza clave para lograr este título.


Parece que Peñarol necesitaba del ala pivote para salir campeón del torneo local. Es que el equipo conducido actualmente por Sergio Hernández, que llegó a la final de la liga nacional en 2007, cuando cayó ante Boca, y el año pasado, perdiendo ante Atenas, en ambas ocasiones tenía a Gutiérrez del lado de en frente. Cansados del karma que le producía, parece ser que los dirigentes marplatenses finalmente decidieron fichar al jugador para esta temporada. Con Leo del mismo lado, ya no había excusas para salir campeón. Y así lo lograron.

La única consagración de Peña en la competición doméstica había sido en 1994, cuando superó por 4 a 2 en la serie final a Independiente (Pico). Si bien el conjunto de Mar del Plata había conseguido un progreso importante en los últimos años, sumando a su vitrina logros como la Liga de las Américas en 2008, la liga local era una deuda pendiente. Tras 16 años, por fin llegó.

Leo Gutiérrez suma así 7 títulos en la liga nacional con cinco equipos distintos: Olimpia (1996), Ben Hur (2005), Boca (2007), Atenas (1999, 2002 y 2009) y Peñarol (2010). De esta forma, igualó el récord que ostentan Marcelo Milanesio y Eduardo Campana, quienes dieron la misma cantidad de vueltas olímpicas que a las que llegó el ala pivote. La diferencia con estos dos basquetbolistas es que ellos consiguieron todas las coronaciones con un solo club: Atenas. “Marcelo y Pichi están allá arriba. Es algo muy lindo haberlos alcanzado, pero ellos son lo más grande de la historia del básquetbol argentino. Yo llegué a 7 títulos nada más. Ellos hicieron historia de la grande", opinó con humildad quien fue elegido el jugador más valioso de la temporada regular y de esta serie.

Se podrá decir que el campeón llegó con ciertas ventajas a esta final. Que alcanzó esta instancia más descansado, ya que definió sus series de cuartos ante Lanús y de semis ante Boca, ambas por 3 a 0; mientras que su rival debió concretar su pase a la fase definitoria en un quinto juego. Se podrá decir que Atenas sufrió de lesiones y bajas durante la fase regular y que continuaron en la instancia final del torneo. Lo cierto es que más allá de todas estas conjeturas, Peñarol fue el mejor de la temporada. Y no caben dudas. Con sólo mirar los resultados alcanza para justificar dicha opinión. Jugó 5 torneos, ganó 4: Súper 8, Liga de las Américas, Interligas y Liga Nacional. Sólo le faltó la Copa Argentina, a la cual también llegó a su definición.

En el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, donde ya está confirmado que el año próximo se hará el Preolímpico, Peñarol se llevó con justicia y predominio el título más añorado y nada más y nada menos que ante el más ganador del básquet nacional: Atenas.

Los festejos del campeón de Liga Nacional 2009/2010:

miércoles, 12 de mayo de 2010

Rossi: “Gano una carrera de TC y no subo más al podio”

En medio de la polémica por el cuestionado sistema de Turismo Carretera, el piloto de Chevrolet Matías Rossi, ganador de la última carrera de la categoría en Termas de Río Hondo, reafirmó tras la victoria que regulará su auto evitando subir al podio para no ser penalizado y especulará de acuerdo a los resultados de sus rivales.


“Gano una carrera de TC y no subo más al podio”, había declarado el corredor de Chevrolet un par de días atrás, cuando todavía soñaba con lograr un triunfo en la categoría, condición necesaria para ser campeón. Con vistas a la Copa de Oro, instancia por la que se define el campeonato y a la que ingresan los doce mejores pilotos de la tabla general una vez concluida la fecha 11, no escondió su idea de especular en las siguientes competencias, ya que subir al podio le significaría un aumento de kilos de lastre en su auto -30 suma el ganador, 20 el escolta y 10 para el último del pedestal- y la competencia sería más complicada. “Salir cuarto en todo lo que queda hasta el playoff sería excelente”, agregó Rossi, justificándose que sumaría dos o tres puntos menos que consiguiendo el tercer puesto, pero sin ser penalizado.

Si bien había manifestado su disconformidad con los cambios de reglamento realizados para esta temporada, según su parecer y el de varios de sus colegas de la marca, en los que se favorecía a los del óvalo, luego de ganar el domingo aceptó haber cambiado de opinión. “Me gusta decir las cosas en función de lo que veo. Lo que analicé las cuatro primeras fechas del TC, que siempre había un Ford adelante y necesitábamos de algún error para ganar, fue lo que dije y lo que pensé. Ojala el juego siga siendo repartido como lo fue en esta carrera, pero igual hubo varios factores en pista que ayudaron a Chevrolet", explicó en el programa Última Vuelta de Fox Sports. Además, la situación quedó reflejada no sólo con su victoria sino que también con la pole que logró Mariano Altuna en la clasificación del sábado.

Por último, dijo que “no cree que por no arriesgar o no hacer un sobrepaso defraude al público, ya que esas son las reglas con las que lo obligan a competir”.

viernes, 30 de abril de 2010

Ginóbili, 90 % efectivo

Un 90 % de efectividad es lo que tiene Emanuel Ginóbili, quien anunció la semana pasada que no irá al mundial de Turquía 2010, que se disputará del 28 de agosto al 12 de septiembre, en presencias vistiendo la celeste y blanca en los torneos más importantes que se realizan en el básquet.


Su decisión de no viajar a la cita máxima generó un amplio debate, tanto de los seguidores de este deporte, como de los que no lo hacen habitualmente, pero se prenden en los mundiales. Algunos podrán estar a favor y otros en contra, cada uno con sus argumentos o su forma de ver las cosas, pero lo que está claro es que Manu no estará presente en Turquía, y aunque habrá varias figuras que sí lo harán, el equipo argentino no contará con su mejor jugador en la historia de nuestro país.

Desde Atenas 1998, cuando Ginóbili debutó oficialmente para la selección argentina, es la primera vez que el actual jugador de San Antonio Spurs no participará de una competición trascendente, teniendo en cuenta los mundiales y los Juegos Olímpicos.

Luego de esa primera experiencia internacional con el equipo nacional, en la que jugó 6 de los 9 partidos, Manu estuvo en el 100 por ciento de los encuentros que la selección disputó en los mundiales de Indianápolis 2002 y Japón 2006, donde obtuvo un promedio de puntos de 14.1 y 15.1, respectivamente. En el primero, Argentina fue subcampeón, tras perder con Yugoslavia en la definición del torneo, mientras que en el segundo salió cuarto, luego de quedar eliminada por un punto en la semifinal ante España.

La albiceleste no clasificó a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, pero cuatro años más tarde volverían a la competición para colgarse la medalla dorada. Fue un equipo de grandes figuras, como Scola, Sánchez, Montecchia, Delfino, Hermann, Nocioni y varios más; pero siempre resaltó Ginóbili, quien jugó 239 de los 320 minutos que disputó Argentina y tuvo una media de 19.2 puntos por partido, siendo el de mejor promedio del equipo. Las estadísticas podrán mostrar su buen aporte en el marcador a lo largo del torneo, pero jugadas como la del final del partido contra Serbia y Montenegro, tirándose de palomita para anotar el tanto de la victoria a falta de menos de 4 segundos, son las que quedan en la memoria de todos. Podrá haber sido en el primer partido de la primera ronda, pero tuvo un gusto especial, ya que se trataba de quienes les habían quitado la chance de ser campeón mundial dos años atrás.

En Beijing 2008, la participación del escolta argentino sería nuevamente fundamental, aunque le quedaría el sabor amargo de no llegar a la final y no poder disputar el partido por la medalla de bronce, que lograrían sus compañeros. Una molestia en el tobillo, que sufrió tempranamente en el encuentro ante Estados Unidos por las semifinales, fue lo que le impidió seguir en ese juego y estar presente por el tercer puesto. Sin embargo, un promedio de 17.1 y su presencia en 7 de los 8 partidos marcan nuevamente la importancia de Manu para el equipo.

El mejor jugador de la historia del básquet de nuestro país no jugó sólo en 3 encuentros del mundial de Atenas 1998, cuando sólo tenía 18 años y un partido por los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, a causa de una lesión. Se podrá discutir si la decisión que tomó fue correcta o no. Lo cierto es que, salvo en esta ocasión, Manu siempre dijo presente.


Manu tirándose de palomita en la jugada final contra Serbia y Montenegro: